Editorial Santillana / IIPE-UNESCO. Buenos Aires, 2007, 175 pp. Por: Alfredo Ferrari
La crisis, los fracasos, las deudas, los malestares de la educación, son un campo ya bastante transitado sobre el que parecería que poco se puede agregar sin sumarse a los coros de los nostálgicos y de los necios, que claman por la imposible restitución de un pasado que, obviamente y como tal, ya no es; o de quiénes anuncian tragedias apocalípticas, incluso con algún guiño de alegría, por exclusividades ya perdidas.
Las autoras plantean en este volumen de forma descriptiva que es posible otra mirada aunque ésta sea también sustantivamente propositiva, pero, para ello, dan a ambas su necesaria medida. Describen la obra de manera que sea comprensible, dando sentido a las realidades estudiadas, mostrando alternativas, búsquedas y experiencias capitalizables, sin tener que prescribir recetarios infalibles. Hay incluso en el título elegido un juego inteligente, porque más que «¿qué hacer ante las desigualdades...?», se posicionan y nos ilustran sobre «qué se está haciendo...».
La obra recupera, sistematiza y elabora las producciones de una importante serie de estudios desarrollados en el marco del proyecto«Estrategias de mejoramiento de las oportunidades de la educación secundaria en América Latina» que se realizó entre los años 2000 y 2003 a través del IIPE por encargo de la UNESCO. Esto le da, por un lado, una base fiable en las conclusiones de investigaciones serias y rigurosas; y, por otro, la nada despreciable perspectiva del alcance continental, en una región donde las necesidades y las potencialidades tienen convergencias múltiples y son posibles simetrías siempre enriquecedoras.
Sin duda, existe una problemática central que opera como vertebradora del texto y que constituye el meollo de las preocupaciones de ambas autoras: de qué modo la educación del tercer milenio, en especial la escuela secundaria, puede resolver el dilema aparente de lograr la plena inclusión de todos los jóvenes y generalizar simultáneamente una propuesta formativa de calidad sustantiva universal. La preocupación es pedagógica, pero también ética y finalmente política, porque en la resolución de esa ecuación se juega con una cuota importante de nuestras posibilidades para la construcción de una sociedad cada vez más genuinamente democrática y desde luego también más justa.
El despliegue de esta cuestión central se realiza a partir de un abordaje inicial descriptivo de la situación de desigualdad, de las tensiones que plantea la expansión de los sistemas educativos en América Latina y de los desafíos que se deben enfrentar para lograr la plena inclusión. Una vez definido el cuadro de situación se avanza en la revisión y la ponderación de distintas decisiones estratégicas que se han tomado en diversos contextos para intervenir en aquel escenario que esté marcado por la desigualdad y la inequidad.
Estas decisiones son heterogéneas, «diversas» en el mejor –y más actual– sentido del término. Decisiones que tienen que ver con el cambio curricular, con las reformas en las estructuras organizacionales del sistema, con la formulación de proyectos a nivel de las instituciones, con los apoyos especiales a los alumnos en la forma de asignar las becas, con otros apoyos que fortalezcan la plena inclusión de los sectores más vulnerables y con las interacciones entre las escuelas y otras organizaciones locales que potencien y mejoren las funciones de aquella.
La heterogeneidad aludida también lo es respecto al nivel y al alcance de dichas decisiones, ya que el volumen reseñado propone como objeto de estudio y de consideración las políticas públicas, pero también las institucionales y las escolares. Y esta diversificación es sana, como señal, para los múltiples actores que compartimos la responsabilidad de la escena educativa, tanto para los «decisores» políticos como para los educadores de base, dando cuenta de la «unicidad» del problema y de la necesidad de articulación entre ambos niveles, pues en ambos se concreta «el fenómeno denso» de lo educativo.
La parcelación es muchas veces una estrategia «corporativa» para que unos deleguen culpas y responsabilidades en los otros. El libro involucra y tiene como destinatarios tanto al nivel técnico-político como al de los docentes, su amplitud en estos términos es, sin duda, un testimonio de la biografía profesional de las autoras y un mérito del volumen. La virtud de reconocer ciertas omisiones en el desarrollo, como opción para acotar y hacer asequible el amplio campo estudiado (el de la formación docente inicial y continua, o el de la problemática específica de los ámbitos rurales, por ejemplo) habilitando la posibilidad de
futuros desarrollos es también muestra de la misma seriedad académica.
Por ello, esa es la búsqueda que nos invitan a compartir las autoras, sin grandilocuencias, con mesura. Pasan revista a las paradojas que enfrentan nuestras sociedades y nuestros sistemas educativos, no con espíritu de generar parálisis sino como interpelaciones, con planteamientos provocadores, si se quiere, para movilizar nuestras mejores capacidades –personales, profesionales, sociales– en una empresa que asumen y promueven, necesariamente, como un desafío colectivo.
Alfredo Ferrari

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